viernes, 13 de agosto de 2010

El Apice de mi Decencia

El Ápice de mi decencia yace en la inmensidad de mi maldad. Teniendo en mente que mi perversidad puede ser tan extrema como exorbitante, mi moralidad no debe ser tan pequeña en comparación. En otras palabras, mi primer indicio podría ser un impulso natural a lo antagónico y malicioso por falta de mejor juicio. Es solamente en esos pocos (Ápices) momentos que percibo una nobleza mas testaruda que mi depravación y por menos recurrente que sea, la dejo relucir. Por ejemplo: Ayer, llegando a mi hogar mientras conversaba con el único y auto denominado “Estudiambre.” Un ser de extrema capacidad neuronal y un fallecido sueño a lanzar en las grandes ligas, arrojo su lata de cerveza con la mitad de su preciado y todavía frío liquido contra la ventana de mi vehículo. Dejenme aclarar, que mientras no tengo problema con un poco de desorden social, no puedo tolerar lo que en Ingles llaman "Alcohol Abuse." ?Quien carajo tira la mitad de su cerveza cuando todavía esta fría? Por supuesto, mi instintivo deseo fue aquel de perseguir al frustrado pelotero y reponerle su menospreciada cerveza mientras le atragantaba por el ano la que reventó en el cristal de mi coche. Momentos después, así como David venció al Gigante, mi virtud reemplazo el deseo de implantar sufrimiento a tan honorable ciudadano y llegue a la conclusión de que por más angustia esto le cause al individuo, mas desagradable seria para mí, tener algo que ver con su cavidad rectal.
¿Y quien dijo que no soy decente?

1 comentario:

  1. Y así, como quien no quiere la cosa, resulta que el hombre le ganóa al animal, la decencia se impuso al instinto y se dejó en la nada un placer en pos de mantener ese fantasma que llamamos paz.
    Ja! No sólo eso, sino que además resucitó del vacío existencial este espacio de escritura. Sólo el tiempo dirá si la decencia aplica también a la producción intelectual...

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